La almeja fina y la almeja babosa son dos de las variedades autóctonas más apreciadas de este bivalvo gallego (la almeja japónica, a pesar de ser una de las más conocidas, no se trata de una variedad autóctona de Galicia). El marisqueo de las almejas es de tipo artesanal, se realiza a pie o desde pequeñas embarcaciones.


almeja babosa La almeja babosa posee las líneas concéntricas que cruzan la superficie de la concha pero en esta no llegan a formar cuadrículas al ser escasas y muy tenues. Su color exterior acostumbra a ser crema o de un gris tenue, con manchas de una coloración más intensa. Sus sifones están unidos hasta el último tramo, donde se separan. Es la más recomendada para hacer a la marinera.



almeja fina La almeja fina se la reconoce por poseer en su concha unas líneas (pequeños surcos) radiales y otras concéntricas, que forman un espacio cuadriculado. Su color habitual suele ser blanquecino, amarillento o acastañado. Sus sifones (prolongaciones tubulares retráctiles que asoman cuando la almeja entreabre sus conchas) están separados uno del otro. Esta almeja se puede comer tanto cocinada como cruda con un poco de limón.



almeja japonica La almeja japonica es una especie originaria de Indonesia, cuyo cultivo en las costas españolas se inició en los años 80. En un principio sólo aparecía donde se cultivaba, pero actualmente ya se reproduce en nuestras rías por sí sola, de modo que ya se puede considerar marisco gallego. Por su intenso sabor, se recomienda el uso de esta almeja en guisos, con habas o arroces.